lunes, 1 de junio de 2026

La locura es un derecho

 


“Las almas repudian todo encierro”

Cantata de puentes amarillos, Luis Alberto Spinetta

La locura es también sinónimo de reivindicación política; una grieta que abre espacio a la diferencia. Esta historia es sobre los que luchan por ser distintos, los diagnosticados por un problema de salud mental que rompen la etiqueta, los que se despojan de la mirada ajena y dicen con orgullo: “soy loco”.

Con el confinamiento, motivado por la contingencia sanitaria por Covid-19 la salud mental ha encontrado un lugar más visible. El encierro obligatorio ha trastocado lo que entendemos como salud mental y no, no necesitamos estar psiquiatrizados para saber que no dormir, comer en exceso, sentir ansiedad por mucha o poca actividad, son solo algunas de las consecuencias que vamos acumulando de forma individual y también colectiva a la hora de enfrentar la angustia de no saber lo que viene. No han tenido que ponernos camisas de fuerza para sentirnos locos por no poder salir; desesperados por no poder hacer uso del libre albedrío. Hoy sabemos que la libertad es un derecho. ¿Qué acaso la locura no lo es también?

Algo así pasa en el mundo de los locos, los intranquilos, los que no se conforman con un diagnóstico recibido, los que rompen la etiqueta y que se permiten ejercer el derecho a esa libertad. Personas neurodivergentes, diagnosticadas con trastornos mentales, con condiciones mentales distintas, con discapacidad psicosocial, sobrevivientes a la psiquiatría, usuarias de tratamiento psicofarmacológico, todas identidades auto reivindicadas y unidas en una misma causa: combatir el estigma de ser distinto.

“No somos enfermos mentales, somos personas distintas, con derechos”, escucho en el foro BienEstares y PsicoDisidencias, reflexiones en torno a la salud mental y la locura, organizado en febrero pasado, en la Biblioteca de México, por Sin Colectivo, un grupo de jóvenes que han vivido experiencias inusuales, que en un lenguaje psiquiátrico se denominarían como delirios, ideas sobrevaloradas u obsesivas, y que no tienen empacho de hablar de sí mismos como locos; como si al enunciarlo, el prejuicio que hace de la locura un sustantivo negativo, se fuera desvaneciendo.

Son expertos en salud mental por experiencia propia, en julio de 2019 se unieron para romper con el estigma y convocaron a la primera marcha del Orgullo Loco en México. El concepto de orgullo loco se ha instalado dentro de los movimientos de activismo por la salud mental, sobre todo en países como Estados Unidos y Canadá, en donde han proliferado los grupos autodenominados “sobrevivientes de la psiquiatría” que rechaza el exceso de medicación para el tratamiento del malestar subjetivo y defienden al Mad pride, con distintas réplicas alrededor del mundo, por el orgullo de ser diferentes.

Ivan Maceda Méjía, parte de Sin Colectivo, es odontólogo, también es bipolar. Lo dice sin ningún apuro, la locura es su causa. Su profesión se entrecruza con su militancia; está orgulloso de “gritarlo a los cuatro vientos”. Sus pacientes conocen su condición mental, algunos no le ven problema; otros, “los más miedosos” -dice- lo llegan a saber solo hasta el final de su tratamiento, cuando los dientes lucen perfectos; las más de las veces se interesan en lo que su dentista les cuenta. Lo profesional no le quita lo loco y viceversa.

En plena carrera por ser odontólogo, Iván recuerda que su vida era como la de una robot. Entrenaba remo de 4:30 a 7 de la mañana, de ahí corría a clases a la universidad; a las 3 de la tarde retomaba el deporte y a las 8 de la noche regresaba a casa a hacer tareas. Procuraba dormir algunas horas para arrancar de nuevo al día siguiente; así por años, hasta que su cerebro y su cuerpo no lo soportaron más y un día Iván rompió con la realidad. Luego vino el diagnóstico: bipolar.

“No tener el momento de reflexión es lo que te enferma (… ) uno se vuelve una máquina y deja de ser humano. De ahí parte la ruptura de comunicación dentro del cuerpo y en el cerebro, dentro de nuestras neuronas”, concluye Iván quien hace un recuento de su historia y de cómo después del dolor y la culpa de sentirse tocado, vino la resignación, el sosiego y de ahí las ganas de sacarse el estigma, de hablar de los padecimientos psiquiátricos como algo “tan natural como no tenerlos”.

Ivan forma también parte del proyecto Radio Abierta, un programa de radio que se transmite por la frecuencia del 94.1 de FM de la Universidad Autónoma Metropolitana en la Ciudad México. En él, personas con experiencias inusuales expresan sus ideas a través del testimonio. A lo largo de más de 11 años de trabajo, han logrado desandar la locura como sinónimo de lo indigno, para tejer con ello un diálogo liberador entre las personas que son expertas en locura por propia experiencia.

“La premisa de que hay voces acalladas, voces que han sido borradas de la esfera pública. Radio Abierta surge como un aparato para darles voz a las personas que tenemos un padecimiento psiquiátrico y a partir de ese aparato, empezar a expresar las vivencias que se tienen” explica Iván. Paralelo a ese programa Iván cuenta que también participa en Toing, una revista digital que recoge los testimonios y manifestaciones artísticas de personas que han sido diagnosticadas.



¿Ser o estar loca?

Cuando los insultos faltan, es fácil atribuirle el carácter de loco a lo que no tenemos idea de qué es; a lo que nos genera ruido. Así deslizamos la idea de que todo lo raro, lo feo, lo incomprehensible es loco; sin tener en cuenta no solo el estigma de la expresión, sino que la locura es un estado mental pasajero y no una condición discapacitante de por vida.

Así lo explica Trinidad Ibarra, artista visual, diagnosticada bipolar desde 2010. Los 10 años que tiene conviviendo con el diagnóstico los ha vivido en etapas, “de la sobrevivencia, al goce” de lo privado a lo público.

La locura como concepto es una construcción social, que con el devenir de las sociedades modernas ha ido cambiando. El Sociólogo francés Michel Foucault hizo una genealogía profunda de la locura. En ella explica que en el siglo XVIIl la locura estuvo relacionada con lo monstruoso; una combinación extraña entre lo humano y lo animal. El loco, al no pertenecer a ninguna de las categorías, representaba lo monstruoso.

Luego, la locura pasó a ser una configuración de lo que escapa a la normalidad. El loco era el anormal.  Lo anormal, como lo planea la RAE es “algo distinto de lo general o de lo común”. Algo que “se aparta de su estado natural o de las condiciones que le son inherentes”, se lee en la definición.

En ese sentido, el loco es quien escapa a lo que impone el mundo cuerdo, a la norma social y legal. Con la consolidación de la vida moderna capitalista del siglo XIX, se apropió al loco toda la adjetivación relativa a lo peligroso y a lo sucio. El loco es quien pone en riesgo el orden social. Hasta hoy, siguen vigentes esas ideas.

De vuelta a la entrevista con Trinidad Ibarra, ella explica que enfrentar la locura o los estados psicóticos que produce la manía es enfrentar los propios demonios, porque en esos momentos de crisis, la personalidad “se exacerba”·. La persona enfrenta sus propios imaginarios, pero también sus miedos, sus dolores y miserias. “La experiencia puede ser traumática, porque incluso puede haber alucinaciones y todo eso que nos da miedo, se torna visualmente real” -relata-.

Su relación con la locura, o los estados alterados propios de la manía, en el mejor de los casos le han abierto los sentidos, pero al final del día no es el estado psicótico en donde se produce el acto magnífico que atribuimos al genio artista. La psicosis, explica, es un momento “incapacitante”. La persona no puede ser la de siempre, su mente no le permite ser del todo productiva, tampoco racional u ordenada. Es por eso que la locura puede ser entendida como una discapacidad, por que en esos espacios que duran las crisis, la persona no está habilitada para enfrentar el mundo de forma habitual.

“Desde el arte lo que más me interesa es alzar la voz, la inclusión y lidiar con el estigma. Ver que la locura es un lugar transitorio y que la discapacidad psicosocial es por estadíos (…) Por tener una vida más digna y que no se nos señale como violentos, impasivos o incapaces”, concluye.

De acuerdo a lo planteado por Foucault, fue hasta principios del siglo XX que la locura se empieza a asociar a la idea de enfermedad. Como un efecto biológico ocasionado por una supuesta degeneración del cerebro. Los síntomas delirantes, de fuga de ideas o de escapada de la realidad, quedan condicionadas a la mirada clínica del psiquiatra que etiqueta como patológicas todas las conductas humanas “no normales”.

Dice el dicho popular que “para todo mal mezcal y para todo bien también”; algo así opera en la psiquiatría actual: para el exceso de felicidad, una pastilla; para el exceso de tristeza otra. El coctel se completa con un estabilizador de ánimo tres veces al día, de litio o ácido valpórico -entre los más usados- y quizá una pequeña pastilla para dormir o las que sean necesarias para adormecer las emociones, para sedar el dolor psíquico de estar vivo.

A los pacientes se les medica en función de una serie de síntomas que los psiquiatras contraponen a los cánones decretados en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) de la Organización Mundial de la Salud y en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por sus siglas en inglés), la biblia médica de los trastornos mentales, que hasta 1973 reconocía a la homosexualidad como una locura.

Hoy sigue en boga la mirada biologicista de la psiquiatría que, para cada trastorno, aplica una explicación fisiológica sobre el funcionamiento de los neurotransmisores del cerebro; las descripciones suelen ser muy someras, por ejemplo: que la depresión es causa de una mala captación de serotonina -neurotransmisor de la felicidad- o que la manía se deriva de una producción excesiva de dopamina, químico que regula el placer. En realidad la sinapsis cerebral es más compleja que eso y aunque los estudios sobre la actividad cerebral, han proliferado mucho en los últimos años, todavía no arrojan del todo cómo opera al 100% el cerebro. Por lo que las medicinas psiquiátricas no es que curen, sino que inhiben la producción de ciertos neurotransmisores y sedan otros. Ese es uno de los argumentos que también ponen en cuestión algunas facciones del movimiento por la diversidad psicosocial, que combaten la sobremedicación del comportamiento humano.

Romper la etiqueta

La primera vez que Cecilia Guillén, una de las de pioneras en México en la militancia por los derechos humanos de las personas con discapacidad psicosocial, accedió hablar conmigo fue por recomendación Maria Isabel, una chica de Nicaragua que contacté luego de un webinar en agosto de 2019, en el que desde distintos puntos de Latinoamérica discutieron sobre desmedicalización de fármacos psiquiátricos. Las sesiones eran organizadas por una iniciativa denominada Redesfera Latinoamericana de la Diversidad Psicosocial integrada por personas expertas en salud mental por experiencia, Cecilia forma parte de ese grupo.

Me encontré con ella en febrero pasado, a las afueras de Bellas Artes, en la Ciudad de México; había demasiado ruido para hacer la entrevista en la vía pública así que nos instalamos en la mesas de un Sanborns de avenida Juárez. Antes de empezar, Cecilia acomodó detalladamente todos los objetos que estaban en la mesa: una botella de agua, un florero con claveles rojos, dos tazas de vajilla clásica en tono azul, un exhibidor de acrílico con las ofertas del día, sacó su gel antiséptico, me regaló un poco y hasta entonces estuvo está lista para responder a mis preguntas. Me llamó la atención todo el ritual, ella misma se rió de lo que llamó TOC, trastorno obsesivo compulsivo, me sentí totalmente identificada.

¿Cómo trascender el estigma que implican los trastornos mentales; cómo tramitar el diagnóstico en la vida diaria y en qué momento se decide hacer de la locura una militancia? - le pregunto- la respuesta nos llevó dos encuentros, uno análogo y otro virtual, cuando inició la pandemia.

“Una cosa es quién eres en una crisis médica (…) y otra cosa es quién eres frente a la vida, frente a las relaciones personales, y sobre todo, lo que deseas tú: el lugar que vas a ocupar en el mundo. Hay muchas maneras de situarse frente al Trastorno Bipolar, puede ser como el enfermo que está entendiendo lo que le pasa, como la persona que se enuncia: ‘yo soy Bipolar, soy bien bipo (…) o quién no está encantado con la etiqueta. Yo, de mi parte, la cuestionaba porque decía: si el trastorno bipolar tiene que ver con depresión, no la niego. No tengo porqué negarla como dato, pero yo sé que en mi caso no vivo depresión” -dijo-.

Y es que emocionalmente Cecilia tiende más a subir que a bajar. Su estado de ánimo es muy activo, habla sumamente rápido, sus ideas son muy ágiles, las hila en cuestión de milésimas de segundos con datos y recuerdos. Solía ser la wikipedia de sus amigas porque recordaba todo y fácilmente lo articulaba. Eso la llevó a ser muy reconocida en su ámbito profesional como abogada, pues podía trabajar toda la noche y estar al día siguiente lista para seguir produciendo. En ese sentido Guillén es crítica, la sociedad capitalista premia mucho los hábitos de la manía y no hay límites.

A mediados de la década de los dosmiles, el diagnóstico de bipolar que recibió y la falta de información sobre el mismo la llevó a internet. En chats y grupos sobre bipolaridad empezó a tejer redes de apoyo de distintas regiones de Iberoamérica; entre ellos se compartían tips y reflexiones. Luego hicieron un grupo privado de facebook y hasta organizaban fiestas virtuales (una locura hasta antes de la pandemia). Con el tiempo, la amistad y el compromiso con el tema de la salud mental escaló en un grupo de whatsapp y en diciembre 2018 se articularon en serio y organizaron el “Primer Encuentro Regional de la Redesfera Latinoamericana de la Diversidad Psicosocial- Locura Latina” en Lima Perú:

"Reivindicamos nuestra dignidad, libertad, autonomía e independencia personal, incluida la libertad de tomar nuestras propias decisiones, así como el rol activo y protagónico que queremos ejercer sobre nuestras vidas. Nadie sabe ni sabrá mejor que nosotros y nosotras cuáles son nuestras necesidades y demandas” se lee en el texto en el que también denuncian  “la patologización y la medicalización de nuestra diversidad, y toda otra forma de discriminación y abuso ejercida desde la psiquiatría, la psicología y otras especialidades en nombre de la ‘salud mental’ y la ‘normalidad’. Demandamos la construcción de un nuevo paradigma del malestar subjetivo, que acepte la ‘“diversidad psicosocial’” como un hecho y principio derivado de la diversidad humana y nos reconozca como personas expertas por experiencia”, el documento quedó como un antecedente muy importante en la lucha por los derechos a la salud en latinoamérica.

Ahora después de muchos años de reflexionar sobre su situación, la etiqueta ya no le dice nada, no la representa: “ni en términos peyorativos, ni en términos personales” dice segura Guillén, quien cuenta cómo la carga negativa de su condición siempre vino de fuera.Como en su último trabajo como investigadora de Derechos de Personas con Discapacidad. Sus compañeros de trabajo se enteraron de su diagnóstico luego de que ella lo comentara en una ponencia sobre discapacidad psicosocial y derechos. A partir de ahí empezó a resentir cierta distancia, sobre todo un día después de partir un pastel de cumpleaños y se suscitó una escena cuando ella guardó el cuchillo en un cajón de su escritorio.

“Yo no podía quedármelo, porque era ‘la persona con Trastorno Bipolar que tiene un cuchillo en su cajón’. Y dices tú, ¡válgame! O sea, ¿qué godín no tiene un cuchillo para pastel en su cajón?”, bromea cuando cuenta la anécdota. Pero para ellas esas escenas cotidianas son las que le hacen reivindicar su lucha, porque le recuerda que “el cuerdismo” es quien sigue adjetivando al loco, al distinto como alguien peligroso “y eso hay que combatirlo en todas las áreas” -dice-.

Hasta hoy, la única parte de su padecimiento, que realmente le ha sido compleja, tiene que ver con el deterioro cognitivo que llegó a sufrir después de una de sus crisis maniacas, en las llegó a olvidar el nombre de las cosas: “A mí no me internaron, no me amarraron, yo no me deprimí sin levantarme en días, no. Yo seguía activa, moviéndome, pero mi cerebro ya no podía recordar ‘esto es un vaso’”. ‘Ah, no. Es una botella de agua’; yo no hilaba las palabras y eso es muy fuerte”.

Guillen desromantiza la locura y dice: “no es Alicia País de las Maravillas, es tomar conciencia, en primer persona y decir: 'no hay nada en este cuarto que yo pueda nombrar'''.

Cuenta que la situación de la pérdida de memoria se fue revirtiendo con el tratamiento que le indicaron: quetiapina. Un medicamento atipiscótico que se utiliza para reducir las crisis delirantes y que le ha ayudado a restablecer su química cerebral. Cecilia lo usa desde hace varios años. Una médica quiso cambiarle la fórmula y recetarle otro fármaco pero Cecilia se defendió legalmente y logró que el ISSSTE  hiciera la compra de ese medicamento y se le entregará gratuitamente. Comprarlo cada mes, en una farmacia común, le costaría casi mil 800 pesos. Se defendió porque es su derecho.

"Tengo muy claro que la pastilla no cura (…) pero sí entiendo que yo me pude haber quedado en ese espacio de la no memoria, y que la quetiapina me recuperó la función del cerebro” -dice-. La precisión que hace no es menor. Para Cecilia la medicación es necesaria para sostener su propia militancia; ella necesita apagar su cerebro, dormir y permitirse descansar las suficientes horas para volver a dar la batalla en los juzgados al día siguiente sin ponerse en peligro.

En ese sentido la entrevistada ve que, a diferencia de otros países como, Chile que por las condiciones del sistema de salud, absolutamente privatizado, hay un abuso de parte de los médicos sobre el uso de fármacos. O el caso de Uruguay en donde compañeros suyos fueron víctimas de violaciones graves por el uso desmedido de electroshoks, sobre todo el en periodo de disidencia política de los años 70. México tiene condiciones distintas en cuestión de salud mental. No hay una cobertura médica en el ámbito público que dé un servicio integral, estar medicado se convierte en un privilegio.

*Este trabajo fue elaborado en el marco del Programa Prensa y Democracia (PRENDE) (Primavera 2020) de la Universidad Iberoamericana.

La versión original de este texto apareció en territorio.mx

Foto de portada: Depositphotos

martes, 15 de junio de 2021

NY/2016

Camino en la inercia de una marabunta de gente que se dirige con aparente rumbo fijo.

Hace frío, mis dedos comienzan a entiesarse. El movimiento de mi pies es continuo, no cesa, es un pedaleo ligero que recorre calles en busca de refugio. 

Desde la mañana anhelo aprender; el sol me acompaña 

ilumina cada cuadro que veo, recuerdo la Luz de otro tiempo.

repasar las mismas imágenes me da seguridad de lo que soy, de lo que fui.


¿Qué esperar de una ciudad que anhela libertad?

De una sociedad que sosiega el dolor en mausoleos mercantiles, en duelos frustrados.

La tierra tragó el amargo sabor de la libertad. 

Nos enseñaron que eso era terrorismo;

ahora recubren el olvido con agua que cae, que muere entre surcos que hunden la pena.

Crearon nuevas estructuras que figuran un espejo en el donde el ego se vuelve a construir.


Reconocer que somos iguales. Que no hay cisnes negros ni blancos, sino distintos tonos de grises que igualan nuestra condición perenne en un mundo que desespera entre selfies, cafés y gimnasios.

Descubrir la belleza en el cuerpo, en el movimiento, en las formas humanas más sutiles y enérgicas.


Saborear el amor a la distancia, en el recuerdo, en el futuro imaginado, en los pasos que uno recoge al otro lado del hemisferio, resignificando el andar, hacerlo de manea sincera. Perdonar lo que fuimos, amar lo que somos. 

Al final todos llegamos a donde estábamos invitados, no importa si es un teatro, a una calle, a una casa. El alma atraviesa el sentido de lo objetivo, lo modifica, lo convierte en polvo que después servirá para recordarnos lo fuimos.



jueves, 3 de junio de 2021

Entrevista Demián Bichir

En México hay talento e Historias para hacer buen cine: Bichir

Paloma Robles

Publicado en Días de Cine La Jornada Jalisco 19/03/2010

Lejos del ajetreo que conlleva la agenda del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), Demián Bichir relata a La Jornada Jalisco que, de acuerdo con su experiencia dentro del mundo del cine nacional e internacional, en nuestro país no hay congruencia ntre los productos de calidad que ofrece el talento local y el apoyo a la industria del cine, misma que, prevé, en poco tiempo va a cambiar. “El público de México es uno de los más sensibles del mundo y está listo para recibir buen material y de primera calidad”, refirió Bichir, quien declaró que no se equivoca al decir que el Festival de Cine de Guadalajara no sólo es la ventana más importante del cine nacional, sino que es también un mensaje –que se ha prolongado a lo largo de 25 años– de que el cine mexicano, a pesar del poco apoyo económico y moral, trasciende a los gobiernos, “este festival, por fortuna, está blindado a prueba de sexenios”, dijo. Bichir manifestó que para el cine mexicano continúa siendo un problema latente el competir contra el mercado estadunidense, sobre todo porque se trata de la industria más importante a nivel económico y que, en términos de distribución, le resta espacio a los productos nacionales. En referencia a lo anterior, el protagonista de Hidalgo Molière expresó que “ha sido una labor ardua y constante el querer convencer al público para que vea cine mexicano y eso sólo lo puedes hacer mostrando buenos trabajos. Decirle al público que el cine de tu país tiene mucho más que ver contigo que con edificios volando y súper héroes e insistir en que en la dieta cinematográfica de la gente incluya también platillos mexicanos”. Puntualizó: “Claro que para eso se necesita que las reglas sean lo suficientemente justas a la hora del tiempo en pantalla de una película mexicana, yo confío en que tanto distribuidores como exhibidores, sobre todo estos últimos, jugarán un papel mucho más justo en esta historia”. –En ese sentido, ¿tendría que haber algún tipo de política pública para apoyar a los creadores? –Sin duda, se necesitan reglas más claras y justas y si no somos capaces de adoptarlas por propia voluntad, sí se va a tener que legislar sobre el asunto; se van a tener que realizar leyes que puedan garantizar reglas que sean más justas y equitativas para todos los que hacemos cine. –¿Para restarle poder a los monopolios que representan los exhibidores? –No se trata de quitar el poder o de negarle las posibilidades de ganancia a quien invierte en unas salas de cine, de lo único que se trata es de entender que ignorar al cine mexicano es una manera de hacerse harakiri; que no darle el espacio suficiente al cine mexicano, por ejemplo, un par de semanas como tope para sacar a una película de cartelera, es cometer un crimen; que si no hacemos eso por ayudarnos a nosotros mismos, que vamos en el mismo barco de la industria del cine, es terminar cometiendo –de alguna manera– un tipo de suicidio”, declaró. El actor insistió en que el problema es integral y abarca a todas instancias que conlleva la realización de un filme, incluso la labor del crítico que, según Bichir, también entra en esta lógica de autodestrucción: “Es como un crítico de cine, que con la menor desfachatez de un plumazo te dice: ‘No vean esta película, es una basura’. Lejos de estar haciendo un trabajo periodístico, estás también haciéndote un harakiri, es decir, que no es un problema que le atañe solamente a la gente que hace cine sino a los críticos, distribuidores, exhibidores. Al final de cuentas, el cine sí es una manifestación artística que es clave para mostrarle la identidad de un pueblo al mundo”, refirió. –Hacer cine en México es caro y tardado. Hábleme de su experiencia dentro de producciones extranjeras y de las diferencias que existen en términos de la realización. –Hacer un película mexicana cuesta relativamente poco en relación con una producción de España, Estados Unidos o Irlanda. Sin embargo, sigue siendo un problema enorme la falta de apoyo económico en el rubro. Calderón anunció que brindaría estímulos para los que quisieran filmar en México y yo digo que a eso se le debe agregar un apoyo claro y decidido a la producciones nacionales, sobre todo si queremos formar industria, si queremos recuperar millones de empleos que se han perdido. Yo les digo que la solución está allí en el cine, en la cultura y las artes de México. El cine tiene que verse como arte, pero también como negocio. Le toca también al Poder Ejecutivo fajarse los pantalones y decir ‘va’. Bichir reclamó que los distribuidores sean los que se lleven la mayor parte del pastel, “cuando quien debiera de recuperar su lana más rápido debería de ser el primero que la arriesgó, y no quien no corrió ningún riesgo. Yo no estoy diciendo de ninguna manera que alguien se quede sin su lana o que deje de percibir mayores cantidades de dinero, lo único que quiero decir es que se reparta de una manera más justa el dinero”. –¿Qué actitud ve en la lucha por este tipo de demandas de apoyo por parte del gremio? –No siento que el gremio ignore el problema, al contrario, estamos preocupados. No basta con decirlo, pero en realidad es que hay gente muy importante en las cámaras de senadores y diputados sometiendo equis propuestas para que se lleven a cabo estas leyes que, insisto, no pretenden llevar a la calle a nadie, al contrario, se pretende únicamente, que todos ganemos y que la cultura y las artes de este país subsistan de manera más justa. –El futuro del cine –en términos creativos– hacia dónde va, ¿existen buenas propuestas? –Si tomas en cuenta que de todo el cine que se hace en Estados Unidos, sólo un porcentaje muy pequeño vale la pena; nosotros, en ese sentido, tenemos mejor récord de bateo, porque filmando muchísimas menos películas al año le atinamos a más, entregamos mejores trabajos; eso debería ser suficiente para quien sea que quiera invertir en el cine y para quien sea que se quiera colgar la medalla de decir ‘nosotros hacemos buen cine para el mundo’. “Hay mucho talento en este país, pero hace falta presupuesto y espacio para apoyarlo. Siento que por este mismo problema las formas de filmar una película van tener que cambiar, se van a dejar de hacer películas de millones y millones de dólares. Lo más importante son las historias, y aquí las tenemos; algunos seguramente no le atinarán, pero yo no creo que le entre alguien hacer una película y decir ‘voy hacer una basura’, no creo, aunque sería interesante (risas)”. –¿Cree que haya habido fuga de talentos por la falta de incentivos dentro del país? –No creo que haya fuga de talento, más bien, cuando cineastas, fotógrafos, actores y directores trabajamos fuera de México es porque son oportunidades que se nos presentan y, como artista, no hay fronteras, el arte es lo único que trasciende perímetros geográficos, entonces, cuando se presentan esas oportunidades ¡es formidable! Yo no pienso que ninguno que tenga la oportunidad de hacerlo diga ‘¡Ahí se ven, adiós, olvídense de mí!’ Al contrario, creo que lo que queremos es convertirnos en Rafa Márquez para después ser seleccionados nacionales y ganarnos la copa del mundo (ríe). Casi al final de la entrevista, el actor platicó acerca de los nuevos rumbos que buscará en su carrera; “caminos naturales”, como él llamó, a su deseo de producir y dirigir algún texto suyo como ya lo hizo su hermano Bruno con la cinta Crónicas de un desayuno. Pero explicó que las películas llevan años de preparación, por lo que no se dijo ansioso por iniciar, aunque sí por lograr un producto de calidad. “Es muy larga la vida de una película desde que se concibe la idea hasta que la ves en pantalla. Yo he hecho películas que han tardado 10 años en estar listas, no necesariamente es una fórmula que hay que seguir; a lo que me refiero es que es realmente muy complicado”, concluyó.

El sueño de verlos volver 43 FOREVER!

Un día soñé que los 43 vivían, estaban lejos de sus casas, refugiados en distintas partes del mundo y planeaban volver al país el día en que todos los desaparecidos tuvieran un nuevo hogar. 

Por que los desaparecidos no morían, sólo cambiaban de lugar y en ese nuevo espacio aprendían de estrategia, de insurgencia, de lucha y de afectos. Planeaban su regreso en el momento preciso, planeaban la revolución, la redención de los desaparecidos, de los que viven y nunca mueren.


En mi sueño, los desaparecidos no morían, solo cambiaban de nombre. Se refugian ahí donde el olvido no cesa, ahí donde falta un padre, una madre, un hijo, una hermana. Así, al militante desparecido en Argentina lo refugiaba una familia de mexicanos, cuyo hijo desaparecido descansaba en el seno de una familia uruguaya que a la vez tiene una hija desaparecida que se sabía estaba refugiada en una casa de Brasil, en la que se extrañaban la presencia del abuelo que nunca volvió pero que podía estar con unos chilenos que también anhelaban el regreso de su madre de la que recibían mensajes desde España… y así,la cadena seguía uniendo dolores comunes con amores dispuestos a regresar a la vida de gente que no murió, solo desapareció, solo remplazó a otro y cambió de nombre. 


Si mi sueño siguiera, en estos seis años, los desparecidos de Ayotzinapa estarían ya en casa de otros guiando a otro 70 mil sin rumbo, aprendiendo sobre otras vidas, sobre otras historias de desparecidos como ellos. Amando a otras familias, conociendo nuevos amigos y esperando el momento de volver, de regresar a la vida del mundo de los que no murieron, de los que solo desaparecieron. 

ENSAYO: Hoy pagamos el muro...

 

Hoy pagamos el muro

Hoy las cosas importantes permanecen invisibles

La mejor forma de no ser visto es desaparecer
Así capaz cruzaríamos fronteras sin ser asesinados,
Así capaz viviríamos la vida sin temer a la muerte.
Asi capaz viviríamos la enfermedad sin pretensión de sanar con sus ——Échale ganas, todo va salir bien, la voluntad De Dios mueve montañas...

VICE: Scientists Think We’re Closer to the End of the World Than Ever

By Thomas Gaulkin, January 23, 2020

Dos emojis sonriendo, una cara de alíen, dos ja ja . [Alguien disfruta de la extinción de sí mismo, mejor que se lo digan en inglés, a ver si así le queda más claro].

Mi masa madre le salio como agua arriba osea como un suero qud hago lo voto [sin acentos, con v chica]

Somos un colege de pensamientos deshilvanamos, hablamos de humanidad y la reducimos a oficinas bonitas, a cafés humeantes, a experiencias memorables. Queremos ser orgánicos queriendo hacer jabón con nuestros desechos... Cómo hacer jabón exfoliante de café

hacer negocios con nuestra propia pobreza.

Yluego:“El vientreexpresatodoaquelloque no podemos decir”
Y a las 6pm ya nos esperan con
¡Los hornos están listos!

Con #PizzasALaLeña y Chelitas de marca.
Y una se pregunta qué vida abran tenido las hijas me Marx:

La más joven, Eleanor, se envenenó a los 43 quizá asqueada y descorazonada por los engaños de su compañero, el socialista Edward Aveling, a quien había cuidado durante una larga enfermedad, aunque sabía de sus infidelidades. Al parecer no pudo soportar el descubrimiento de que Aveling se había casado en secreto con una amante.

MANTRA DE HOY: RominaG Psicología con Amor Quiero que todo salga bien, Que rías en voz alta,
Que el universo te escuche, Que cada sueño se cumple

Quiero verte ganando en la vida.

Un tal Rafael Cabalière
Luego, con fondo rosita y letra cursi:

No trates como te tratan.
Sé mejor, tu educación no debe
Depender del comportamiento
de los demás, sino de los valores que tú tienes. Sp quotes.

Quiero borrarme, desafanarme, dislocarme. Y sí, hoy pagamos el muro.

miércoles, 27 de julio de 2016

¿Qué le gritamos?

Qué le dolerá más a un tipo como Peña Nieto, ¿que le digan ratero o asesino? ¿indolente o corrupto? ¿tarado o pendejo?
Qué se le puede decir a un tipo que pide "perdón" por robar y abusar de su poder y no ser sancionado...a alguien que habla de “mal humor social” para referirse al repudio masivo a su gobierno, como si la realidad nacional fuera una comedia de mal gusto que tenemos que soportar con sonrisas y aplausos.
¿Qué se le puede decir a un muñeco hueco que no entiende la responsabilidad de su cargo, que se lava las manos de la muerte de estudiantes, de maestrxs, de ciudadanxs comunes? 
¿Qué se le puede exigir a un tipo que no habla de lxs desaparecidxs que no volvieron a casa; ni de las mujeres maltratadas y olvidadas en baldíos; que desconoce a lxs periodistas que con siniestra impunidad son asesinadxs semana a semana; que olvida a lxs migrantes que no llegaron al otro lado?
Qué se le puede decir a un tipo que promueve un proyecto neoliberal reformista que le quita a lxs obrerxs su seguridad social, que pauperiza a lxs jóvenes, que le da manga ancha a los capitales para seguir despojándonos de riquezas naturales, de vida, de dignidad…
¿Qué le decimos? ¿Qué le gritamos? ¿ratero? ¿corrupto? ¿asesino? ¿indolente? ¿tarado? ¿pendejo? ¡Qué!
Tantas cosas por escupirle en la cara a ese pedazo de despojo humano que creo que el silencio informado representado con el cuerpo que resiste, que se presenta, que se impone, que se hace masa es lo único que nos queda.
Nos vemos el viernes 29 de julio a las 10 am en Plaza de Mayo para resistir -en mi caso- desde el silencio, para poner el cuerpo, para hacerle saber que no es bienvenido, que su gobierno es sinónimo de muerte, que no olvidamos, que no perdonamos, que no le creemos.

jueves, 2 de junio de 2016

Tas


Conforme pasan los días me siento cada vez mejor. Hace un año todo se me borró de la cabeza y digamos que volví a nacer. Estuve voluntariamente en off todos estos meses, pero hoy inauguro el día con un pequeño texto que me dedico con el narcisismo mejor intencionado (jeje) juro que me recupero con cada palabra que escribo, me restituyo y me adueño de lo que ahora soy: la misma pero dos rayitas más tranqui, eso para mí, ya es mucho.
Gracias a todos los que han estado presentes, a los que nunca se irán por que el amor es muy grande, a los que fueron y dejaron algo en este corazón. 

Felices 30, Paloma! 



A mi abuela Delfina le gustaba decir su edad siempre en referencia al tiempo por venir. Cumplí 78 entrados en los 79 -decía-. Solo ella entendía su propia lógica. En julio de 2004 murió a los 84 años entrados en los 85 que nunca festejó.
Ahora que cumplo 30 y no habrá mas veinti-nadas, la relatividad del tiempo me pone reflexiva.
¿He vivido mucho o poco? ¿Qué es mucho? ¿qué es poco? ¿Quién lo determina? 
¿Cuántas veces en estos 30 años he mutado de piel? ¿Cuántas palomas he creado y destruido? Tengo la sensación de estar asistiendo a la cuarta mutación de mi espíritu, algo así sentí desde hace un año cuando cumplía los 29 entrados en los 30.

Hice una pequeña lista con algunos sucesos de mi vida. Nada original, solo una vida aparentemente bien vivida. 
Del primer y segundo año de vida no tengo recuerdos, por ahí cuentan que era una bebe caprichosa. Hacia corajes, me ponía morada y me desmayaba. Me llevaron varias veces al doctor,”está muy chiqueada”, les dijeron mis papás. El problema se arregló con el tiempo. Lo consentida lo mantengo hasta la fecha.
A los 3 tuve mi primera operación, nunca más tuve tiroides; desde entonces tomo diariamente medicación.
A los 4 pedí de navidad una barredora, quería recorrer las calles montada en un camión con cepillos que limpiaran la ciudad, mi papá consiguió un modelo de juguete, lloré cuando lo vi, no era del tamaño que yo imaginaba.
A los 5 entré al kinder del Franco, ahí conocería a mis primeras mejores amigas. Fue una formación dura pero por lo menos aprendí otro idioma. También sé dividir a la francesa, entre otras cosas innecesarias…
A los 6 se me cayó mi primer diente. Estaba en clase de teatro cuando el dientecillo deslizó presionado por la lengua. Me sentí una niña grande toda chumuela.
A los 7 gané un concurso de radio por contar chistes, desde entonces dije que yo quería trabajar en una estación. Como 18 años después sucedería, para entonces el canal 58 del occidental era ya una estación arrancherada y en extinción. Eso si, el programa se escuchaba en todo Jalisco!
A los 8 me había resignado a ser bastante mediocre en clase, pero mi creatividad estaba tope: escribía poesía, dibujaba, armaba obras de teatro, grababa casettes con música que me gustaba. Las tardes eran mi mejor momento del día ¡No sé dónde carajo quedó toda ese potencial creativo! 

A los 9 Diego me confesó que no había santa clos ni nada por el estilo…las navidades no fueron las mismas. Intenté no creerle. Lo apunté en un fichero que yo hice en donde recolectaba evidencias de “casos” que había que investigar. Así descubrí cuando mi hermano se fue de casa y nadie me decía nada. Era demasiado curiosa, lo de Santa clos me fue fácil corroborarlo.
A los 10 me dio varicela en mi cumpleaños, no hubo festejo hasta después de 20 días en la casa de Chapala. Pedí de cumple un reproductor de cds, era lo máximo! Todo un cambio de época.
A los 11 pedí que me inscribieran en clases de tap, duré casi cuatro años bailando y haciendo ruido con los pies. Todavía tengo mis zapatos guardados como un tesoro. 
A los 14 me puse mi primer borrachera, la peda más infantil del mundo,rodeada de mis amigos de la secundaria, todos montados arriba de un tombling de esos bien noventeros. Ese fin de semana el panismo llegaría a la presidencia y de ahí lo que conocemos como la transición democrática más fallida y cuyos violentos estragos ahora dan pie a una tesis de maestría.
A los 15 mi mamá me regaló su auto. Ella se iba a estudiar a DF así que de esa forma yo me movería por la ciudad sin problemas. Sin duda ahí vivi la primera mutación, aunque parece cliché la adolescencia pegó duro.

A los 16, ya en la preparatoria, tuve mi primer novio, la relación duró 15 días, le lloré meses, (pinches pelis de Disney y su simplificación de la cultura patriarcal que sutilmente nos entra desde pequeñas y obvio hacen daño). Aún después del trauma seguimos siendo grandes amigos.
A los 17 fui presidenta de la sociedad de alumnos del colegio, tengo recuerdos difusos de una campaña llena de regalos y artilugios para los votantes…un horror en lo que refiere a las formas corporativistas pero fue muy divertido, lo juro. Un año inolvidable.
A los 18 me rechazaron como voluntaria jesuita y mis papás me mandaron al sur de Francia que disque a terminar mis exámenes de francés, fue la primera vez que viví lejos de casa. Ese año celebré con Andrea los 19 en Atenas y dimos inició una gira europea con mochilas al hombro. 
A los 21 entré a trabajar a Informador, ahí empezarían mis aspiraciones reporteriles, lo supe en Colombia cuando estaba de intercambio, el cuento duró hasta hace unos años cuando cambié el “prestigio” mal pagado del periodismo por el exilio. 
A los 23 terminé la relación de años con el único verdadero exnovio que tuve, ahora él está casado, está por tener su primer hijo. Lo estimo mucho.

Los siguientes cuatro años fui distinta, medié entre la estúpida “eficiencia laboral”  que exigía el entorno y la fiesta. Me sumergí en un periodo de mucho acelere, solo así conocí los primeros límites de mi dark side. Además fue una época en la que me sentía arriesgada, divertida, salí con un montón de gente, puras pinches relaciones imposibles. ¡Un desastre! (No se agüiten, a todos los quise mucho).

Así, a los 24 me gradué como politóloga nunca ejercí ¿acaso eso se ejerce?  ¿o solo es estudia?, lo pregunto por que ya van dos veces que caigo en el maravilloso y aburrido circuito de la ciencia política, prodigiosa y caprichosa ciencia social. 
A los 25 me vino una crisis de alergia, el cuerpo se me llenaba de ronchas, el estrés me lo provocaba. ¿Pero qué no dicen que una a los 25 está en su mejor momento? bah! Vencí a la cortisona y los tratamientos alopatas con todo tipo de terapias, al final sané. 
También cambié de redacción y brinqué del periodismo “banquetero” al de “investigación” disque pues… son categorías del oficio. El periodismo como la tierra es de quién la trabaja, punto. Pasaba casi 12 horas pegadas en la compu: investigando y escribiendo de política, narcotráfico y vidas privadas. Fue una época intensa. Y como había más presupuesto pues pasé de la chela al whisky ¿por qué no? 

Empezaría una nueva etapa: la de la supuesta “adultez”, con sus momentos de gloria y de fracaso. Me emancipé a los 26 y monté mi primer departamento, la familia tardó casi un año en entenderlo. Mi ego quedó ahí en la colonia Seatle, junto a todo mi esfuerzo por sostener la vida fuera de casa; por razones muy particulares tuve que dejar el depa, luego me iría a vivir con unas amigas. A los siete meses se nos acabó el veinte, literal: a mí me dejaron de pagar y el contrato de renta que teníamos vencía. Decidí cambiar de aire.

Cumplí los 28 en Buenos Aires. Estudiaba la maestría (orgullo familiar). Al tiempo que me iniciaba en el activismo político. Fue curioso que a la distancia la violencia de México me movilizara. Aprendí a indignarme desde lo profundo, a llorar de coraje y a levantar la voz que como periodista nunca tuve. Quería arreglar el mundo, sanar la injusticia…me duró poco el gusto, el exceso de realidad vivido sin filtros causó estragos en mi.

A los 29 me di el putazo más grande de mi vida…cariñosamente le llamo ‘accidente’, clínicamente se denominó: “brote psicótico”. Perdí la razón por varios días, de suerte terminé en el hospital. Mi papá vino a Argentina y me cargó hasta México. Mi mamá me leyó mas de 20 veces el Principito antes de dormir, solo eso me tranquilizaba. Me sentía como una niña atrapada en el cuerpo de una adulta enferma o al revés, ya no sé. La recuperación duró muchos meses y sigue hasta la fecha. Fue como una muerte del alma. Ahí empezó la cuenta de nuevo. 

Hoy cumplo 30 años, 30 entrados en los 31 como diría mi abuela. Por fin entiendo su dicho. Les explico: el año que se consume día a día tiene forma de pasado, pero construye futuro y sobre todo concreta el presente que al final, es lo único que importa. Qué sabia eras Delfina Márquez que a tus 84 años y 7 meses viviste como todo una guerrera.

Por tercera vez estoy en Buenos Aires. Ahora vivo con Bernardo, a pesar de todas las distancias y tropiezos nuestra relación perdura desde hace 3 años. Tenemos pequeños grandes planes de vida; por lo pronto nos queremos como si fuéramos una gran familia. 
Yo recojo los pasos que dejé en otro tiempo, resignifico cada lugar que fue oscuro y hago mis trabajos finales rezagados, mientras planeo cómo hacer y terminar una tesis que no tiene nombre pero que va tomando forma de a poco. ¿Por fin seré politóloga? Nadie lo sabe.

Tengo nostalgia por la década perdida, “los veintes” que fueron. Pero esperemos que la década ganada -como suelen decir acá a lo vivido en el kirshnerismo y que me apropio para cuestiones prácticas-  traiga cosas lindas, y también cosas no tan lindas que al final también me hacen paloma.

¡Feliz cumpleaños a mí!