jueves, 2 de junio de 2016

Tas


Conforme pasan los días me siento cada vez mejor. Hace un año todo se me borró de la cabeza y digamos que volví a nacer. Estuve voluntariamente en off todos estos meses, pero hoy inauguro el día con un pequeño texto que me dedico con el narcisismo mejor intencionado (jeje) juro que me recupero con cada palabra que escribo, me restituyo y me adueño de lo que ahora soy: la misma pero dos rayitas más tranqui, eso para mí, ya es mucho.
Gracias a todos los que han estado presentes, a los que nunca se irán por que el amor es muy grande, a los que fueron y dejaron algo en este corazón. 

Felices 30, Paloma! 



A mi abuela Delfina le gustaba decir su edad siempre en referencia al tiempo por venir. Cumplí 78 entrados en los 79 -decía-. Solo ella entendía su propia lógica. En julio de 2004 murió a los 84 años entrados en los 85 que nunca festejó.
Ahora que cumplo 30 y no habrá mas veinti-nadas, la relatividad del tiempo me pone reflexiva.
¿He vivido mucho o poco? ¿Qué es mucho? ¿qué es poco? ¿Quién lo determina? 
¿Cuántas veces en estos 30 años he mutado de piel? ¿Cuántas palomas he creado y destruido? Tengo la sensación de estar asistiendo a la cuarta mutación de mi espíritu, algo así sentí desde hace un año cuando cumplía los 29 entrados en los 30.

Hice una pequeña lista con algunos sucesos de mi vida. Nada original, solo una vida aparentemente bien vivida. 
Del primer y segundo año de vida no tengo recuerdos, por ahí cuentan que era una bebe caprichosa. Hacia corajes, me ponía morada y me desmayaba. Me llevaron varias veces al doctor,”está muy chiqueada”, les dijeron mis papás. El problema se arregló con el tiempo. Lo consentida lo mantengo hasta la fecha.
A los 3 tuve mi primera operación, nunca más tuve tiroides; desde entonces tomo diariamente medicación.
A los 4 pedí de navidad una barredora, quería recorrer las calles montada en un camión con cepillos que limpiaran la ciudad, mi papá consiguió un modelo de juguete, lloré cuando lo vi, no era del tamaño que yo imaginaba.
A los 5 entré al kinder del Franco, ahí conocería a mis primeras mejores amigas. Fue una formación dura pero por lo menos aprendí otro idioma. También sé dividir a la francesa, entre otras cosas innecesarias…
A los 6 se me cayó mi primer diente. Estaba en clase de teatro cuando el dientecillo deslizó presionado por la lengua. Me sentí una niña grande toda chumuela.
A los 7 gané un concurso de radio por contar chistes, desde entonces dije que yo quería trabajar en una estación. Como 18 años después sucedería, para entonces el canal 58 del occidental era ya una estación arrancherada y en extinción. Eso si, el programa se escuchaba en todo Jalisco!
A los 8 me había resignado a ser bastante mediocre en clase, pero mi creatividad estaba tope: escribía poesía, dibujaba, armaba obras de teatro, grababa casettes con música que me gustaba. Las tardes eran mi mejor momento del día ¡No sé dónde carajo quedó toda ese potencial creativo! 

A los 9 Diego me confesó que no había santa clos ni nada por el estilo…las navidades no fueron las mismas. Intenté no creerle. Lo apunté en un fichero que yo hice en donde recolectaba evidencias de “casos” que había que investigar. Así descubrí cuando mi hermano se fue de casa y nadie me decía nada. Era demasiado curiosa, lo de Santa clos me fue fácil corroborarlo.
A los 10 me dio varicela en mi cumpleaños, no hubo festejo hasta después de 20 días en la casa de Chapala. Pedí de cumple un reproductor de cds, era lo máximo! Todo un cambio de época.
A los 11 pedí que me inscribieran en clases de tap, duré casi cuatro años bailando y haciendo ruido con los pies. Todavía tengo mis zapatos guardados como un tesoro. 
A los 14 me puse mi primer borrachera, la peda más infantil del mundo,rodeada de mis amigos de la secundaria, todos montados arriba de un tombling de esos bien noventeros. Ese fin de semana el panismo llegaría a la presidencia y de ahí lo que conocemos como la transición democrática más fallida y cuyos violentos estragos ahora dan pie a una tesis de maestría.
A los 15 mi mamá me regaló su auto. Ella se iba a estudiar a DF así que de esa forma yo me movería por la ciudad sin problemas. Sin duda ahí vivi la primera mutación, aunque parece cliché la adolescencia pegó duro.

A los 16, ya en la preparatoria, tuve mi primer novio, la relación duró 15 días, le lloré meses, (pinches pelis de Disney y su simplificación de la cultura patriarcal que sutilmente nos entra desde pequeñas y obvio hacen daño). Aún después del trauma seguimos siendo grandes amigos.
A los 17 fui presidenta de la sociedad de alumnos del colegio, tengo recuerdos difusos de una campaña llena de regalos y artilugios para los votantes…un horror en lo que refiere a las formas corporativistas pero fue muy divertido, lo juro. Un año inolvidable.
A los 18 me rechazaron como voluntaria jesuita y mis papás me mandaron al sur de Francia que disque a terminar mis exámenes de francés, fue la primera vez que viví lejos de casa. Ese año celebré con Andrea los 19 en Atenas y dimos inició una gira europea con mochilas al hombro. 
A los 21 entré a trabajar a Informador, ahí empezarían mis aspiraciones reporteriles, lo supe en Colombia cuando estaba de intercambio, el cuento duró hasta hace unos años cuando cambié el “prestigio” mal pagado del periodismo por el exilio. 
A los 23 terminé la relación de años con el único verdadero exnovio que tuve, ahora él está casado, está por tener su primer hijo. Lo estimo mucho.

Los siguientes cuatro años fui distinta, medié entre la estúpida “eficiencia laboral”  que exigía el entorno y la fiesta. Me sumergí en un periodo de mucho acelere, solo así conocí los primeros límites de mi dark side. Además fue una época en la que me sentía arriesgada, divertida, salí con un montón de gente, puras pinches relaciones imposibles. ¡Un desastre! (No se agüiten, a todos los quise mucho).

Así, a los 24 me gradué como politóloga nunca ejercí ¿acaso eso se ejerce?  ¿o solo es estudia?, lo pregunto por que ya van dos veces que caigo en el maravilloso y aburrido circuito de la ciencia política, prodigiosa y caprichosa ciencia social. 
A los 25 me vino una crisis de alergia, el cuerpo se me llenaba de ronchas, el estrés me lo provocaba. ¿Pero qué no dicen que una a los 25 está en su mejor momento? bah! Vencí a la cortisona y los tratamientos alopatas con todo tipo de terapias, al final sané. 
También cambié de redacción y brinqué del periodismo “banquetero” al de “investigación” disque pues… son categorías del oficio. El periodismo como la tierra es de quién la trabaja, punto. Pasaba casi 12 horas pegadas en la compu: investigando y escribiendo de política, narcotráfico y vidas privadas. Fue una época intensa. Y como había más presupuesto pues pasé de la chela al whisky ¿por qué no? 

Empezaría una nueva etapa: la de la supuesta “adultez”, con sus momentos de gloria y de fracaso. Me emancipé a los 26 y monté mi primer departamento, la familia tardó casi un año en entenderlo. Mi ego quedó ahí en la colonia Seatle, junto a todo mi esfuerzo por sostener la vida fuera de casa; por razones muy particulares tuve que dejar el depa, luego me iría a vivir con unas amigas. A los siete meses se nos acabó el veinte, literal: a mí me dejaron de pagar y el contrato de renta que teníamos vencía. Decidí cambiar de aire.

Cumplí los 28 en Buenos Aires. Estudiaba la maestría (orgullo familiar). Al tiempo que me iniciaba en el activismo político. Fue curioso que a la distancia la violencia de México me movilizara. Aprendí a indignarme desde lo profundo, a llorar de coraje y a levantar la voz que como periodista nunca tuve. Quería arreglar el mundo, sanar la injusticia…me duró poco el gusto, el exceso de realidad vivido sin filtros causó estragos en mi.

A los 29 me di el putazo más grande de mi vida…cariñosamente le llamo ‘accidente’, clínicamente se denominó: “brote psicótico”. Perdí la razón por varios días, de suerte terminé en el hospital. Mi papá vino a Argentina y me cargó hasta México. Mi mamá me leyó mas de 20 veces el Principito antes de dormir, solo eso me tranquilizaba. Me sentía como una niña atrapada en el cuerpo de una adulta enferma o al revés, ya no sé. La recuperación duró muchos meses y sigue hasta la fecha. Fue como una muerte del alma. Ahí empezó la cuenta de nuevo. 

Hoy cumplo 30 años, 30 entrados en los 31 como diría mi abuela. Por fin entiendo su dicho. Les explico: el año que se consume día a día tiene forma de pasado, pero construye futuro y sobre todo concreta el presente que al final, es lo único que importa. Qué sabia eras Delfina Márquez que a tus 84 años y 7 meses viviste como todo una guerrera.

Por tercera vez estoy en Buenos Aires. Ahora vivo con Bernardo, a pesar de todas las distancias y tropiezos nuestra relación perdura desde hace 3 años. Tenemos pequeños grandes planes de vida; por lo pronto nos queremos como si fuéramos una gran familia. 
Yo recojo los pasos que dejé en otro tiempo, resignifico cada lugar que fue oscuro y hago mis trabajos finales rezagados, mientras planeo cómo hacer y terminar una tesis que no tiene nombre pero que va tomando forma de a poco. ¿Por fin seré politóloga? Nadie lo sabe.

Tengo nostalgia por la década perdida, “los veintes” que fueron. Pero esperemos que la década ganada -como suelen decir acá a lo vivido en el kirshnerismo y que me apropio para cuestiones prácticas-  traiga cosas lindas, y también cosas no tan lindas que al final también me hacen paloma.

¡Feliz cumpleaños a mí! 

3 comentarios:

Santiking dijo...

Hola Palomita hace mucho no sé de ti y hasta pensé que vivias en Guadalajara. Me es muy bonito y gracioso saber de ti por medio de tu publicación. Solo espero que en estos 30's haya un espacio para volver a conpartir un poco de tiempo. Por lo pronto es la vida lo que no debes dejar pasar y me da alegría saber que no paras y la Paloma que seas hoy espero volverla a conocer. Bonito cumple y deseo que estes muy bien.

Santiking dijo...

Hola Palomita hace mucho no sé de ti y hasta pensé que vivias en Guadalajara. Me es muy bonito y gracioso saber de ti por medio de tu publicación. Solo espero que en estos 30's haya un espacio para volver a conpartir un poco de tiempo. Por lo pronto es la vida lo que no debes dejar pasar y me da alegría saber que no paras y la Paloma que seas hoy espero volverla a conocer. Bonito cumple y deseo que estes muy bien.

Teresita Villaseñor dijo...

Querida Paloma:
Es un gusto leerte; tu prosa es elegante, intensa, reflexiva..., me alegra saber de ti, comprobar tu lucidez y tu gran intelecto.
Te deseo unos excelentes 30, entrados a 31.. Un abrazo y mis mejores deseos. Tere Villaseñir.